Entrevista a Carlos Lomas al hilo de un encuentro de hombres en Cádiz

Lomas participó ayer en el Encuentro de Hombres Igualitarios de la Casa de la Mujer. :: CRISTÓBAL

«Para que haya un cambio hacia la igualdad el modelo no puede ser Cristiano Ronaldo»

María J. Pacheco ppacheco@lavozdigital.es | JEREZ.

Este experto cree que otra masculinidad es posible y defiende que «el feminismo ha sido la única revolución pacífica de la historia»

Carlos Lomas Doctor en Filología Hispánica y catedrático de Enseñanza Secundaria

Otra masculinidad es posible. Eso opinan los que, como Carlos Lomas, han dedicado su vida a la lucha por la igualdad de los sexos y creen que los cambios en la sociedad deben empezar por aprender a sentirse hombres de forma diferente a la que establecen los arraigados roles tradicionales. De todo ello habló ayer en Jerez en el Encuentro de Hombres Igualitarios que organiza la Delegación de Igualdad y Salud y en el que participó como experto en el tema.

-¿Cuál es su principal argumento a la hora de encarar este encuentro por la igualdad?

-El objetivo es trasladar la necesidad y la urgencia de fomentar otra manera de ser hombres que no genere violencia en la sociedad, una tarea nada fácil. La tradición trae consigo la presión constante por ser líder, por la virilidad, por tener éxito, pero hay que fomentar maneras alternativas de masculinidad. Ya empieza a existir una cierta conciencia en grupos de mujeres para favorecer la emergencia de esas formas contrarias al patriarcado.

-¿La lucha por la igualdad es la del enfrentamiento entre la supremacía masculina y la femenina?

-Yo no lo veo así, sobre todo porque todo mi pensamiento parte desde el feminismo, una corriente con la que estamos en deuda y sin la que no estaríamos aquí. No hay que olvidar que el feminismo es la única revolución pacífica que hay en la historia de la humanidad. Por eso tampoco entiendo la masculinidad igualitaria como una forma de defensa, sino como un deseo de seguir impulsando avances. La masculinidad tradicional incluye privilegios por el sólo hecho de haber nacido hombres. Pero también pérdidas que ahora pueden recuperar, aspectos que nos han sido negados. El hombre ahora tiene la oportunidad de salir de esa jaula y asomarse al mundo de los afectos, salir del analfabetismo emocional. La masculinidad tradicional ha sido una hipoteca que ha causado muchos perjuicios. Y ahí están datos como el fracaso escolar, que es sobre todo masculino, y eso no tiene explicación más que la de género. También el 90% de la población carcelaria es masculina, y la mayor parte de las conductas de riesgo están protagonizadas por hombres.

-Pero cada vez hay más mujeres que tienen conductas parecidas…

-Muchas veces se ha entendido la igualdad como imitar al referente: ser iguales a los hombres es ser como ellos y hacer lo mismo que ellos. Y eso no es igualdad, eso es imitación. Por eso hay cada vez más conductas violentas en chicas. Pero pese a ese efecto perverso hay hechos incuestionables como que los hombres mueren antes que las mujeres, y la razón no es biológica. Los hombres tienen unas conductas de riesgo que las mujeres no tienen. Hoy en día ser un hombre de verdad, en el concepto de ser un macho de los de antes, perjudica a los hombres. Por eso el reto es seguir el consejo de Lucero Jiménez que decía que «hay que ser menos hombres y ser más humanos».

-¿Y qué es necesario para avanzar en ese sentido?

-Es importante que los adolescentes tengan referentes de este tipo de masculinidad que sean atractivos. Cristiano Ronaldo no es la imagen para cambiar de conciencia, pero es lo que ellos respetan. Porque un chico admira al líder, al que tiene éxito, poderío físico y dinero. El mundo del deporte es tremendo para ello. Pocas veces se verán posters de un escritor. Se admirar a un piloto de F1 antes que a un médico que se juega la vida en Haití o un hombre viudo que se dedica a cuidar a la familia. Esos hombres existen, pero son invisibles. Por eso, igual que ha sido necesario para la historia escribir la historia del feminismo es el momento de hacer visibles a esos hombres que han huido de los mandatos tradicionales de la masculinidad.

-¿Detecta un retroceso en temas de igualdad entre la población adolescente?

-Es cierto que no se avanza tanto, pero no creo que estemos retrocediendo. En ese caso hay que seguir el consejo de Pablo Neruda y armarse de ardiente paciencia. Y no se trata de cambiar leyes, sino de cambiar prácticas.

-¿Y en ese caso la clave está en las aulas, en la educación?

-Por supuesto que la educación tiene un poder, y se están haciendo cosas, aunque aún pocas. Pero no todo depende de las aulas. Para cambiar esta mentalidad y aprender a ser otro tipo de hombres el principal ámbito es la familia. Se puede intervenir de alguna manera desde el ámbito escolar, porque los niños están en las aulas de los seis a los 16 años, y en ellas se puede enseñar más humanidad y menos sintaxis. Pero hace falta algo más, como la familia y el grupo de iguales, la pandilla.

-¿Qué papel tienen en esta lucha los medios de comunicación?

-Aquí es difícil aplicar recetas. Lo de los medios es muy complicado, porque hay intereses ideológicos y económicos detrás. Y como son un fiel reflejo de la sociedad suelen apostar por roles de liderazgo, etc. Pero hay solución, que pasa por controlar determinados contenidos en la publicidad o en algunas series. Pero cuando se plantea la necesidad de regular esos contenidos enseguida se habla de censura, hay mucha sensibilidad. Yo sí creo que sería necesario un control democrático de los medios para evitar que determinados mensajes lleguen a un público neófito. Y sé que eso no es posible, pero al menos es exigible en los medios públicos. Si el modelo de los jóvenes es Gran Hermano, mal vamos.

-¿Qué opina del tratamiento de las noticias sobre maltrato?

-Es positivo que se informe de ello, independientemente de que no siempre el tratamiento sea adecuado. Hay una creencia errónea de que ahora hay más violencia de género, pero no es cierto, sólo que es más visible. Antes se informaba como si fuera un suceso más, sin entrar en motivaciones, pero hoy en día merece más rechazo social.

-¿Cómo se podrá solucionar de verdad la violencia machista? Las leyes no parecen suficientes.

-En las estadísticas se ve que el número de mujeres asesinadas en España no ha aumentado, y que donde hay más porcentaje de violencia machista es entre los inmigrantes, que muchas veces son fruto de culturas muy machistas. Las medidas legales y policiales están sirviendo, pero hasta que los hombres no se den cuenta de que no tienen un derecho natural sobre las mujeres no se habrá logrado del todo.

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