Paro, igualdad y género

acojonanEl pasado invierno, Hilario Sáez y yo, impartimos seis horas de igualdad en cinco Talleres de Empleo del Ayuntamiento de Sevilla, a 64 hombres y 47 mujeres, parados de larga duración, con un nivel medio de instrucción de certificado escolar. A las responsables les parecía interesante contar con la perspectiva de los hombres por la igualdad y a nosotros ver cómo recibían nuestro mensaje.

Tras presentarnos y contarles la metodología participativa a seguir les propusimos:

1º debatir “por qué estamos en el desempleo” Lo achacan a la crisis y responsabilizan a los políticos corruptos y los empresarios que la aprovechan para abaratar costes, despedir y explotar. Más indignados con los políticos que con la banca o los empresarios. Lamentan su falta de estudios y denuncian la competencia desleal de los inmigrantes mostrando un fondo xenófobo preocupante. Ellos hablan más de temas generales y ellas de temas personales o de género, cargas familiares…

2º comentar desde la experiencia “cómo me ha cambiado la vida estar desempleado/a.” A ellos, educados como ganapanes que asocian su identidad a su profesión, red de poder y relaciones de amistad, con la que asegurar el bienestar de su familia, el paro de larga duración les hace sentirse excluidos de la sociedad y viven un estado de desconcierto, baja autoestima e impotencia que provoca múltiples problemas de salud inespecíficos y cambios de carácter. Un estado que unido a la falta de dinero impacta en sus relaciones de pareja y, aunque algunos las han visto reforzadas, abundan los que han acabado separándose.

Llevan mal que la mujer sea la sustentadora del hogar pero este hecho ha llevado a bastantes a encargarse de la casa o incrementar su participación en lo domestico con cierta normalidad, ayudando a diluir los roles de género en un colectivo tradicionalmente poco sensible a los discursos igualitarios. La mayoría admite que “la carga en la casa la lleva la mujer” y uno llega a decir “Que trabaje ella, yo me quedo con mi play y cuando venga que haga la cena”.

Creen que se les ve como a vagos e inútiles “que ni ganan ni saben llevar la casa” y hay padres que dudan de su autoridad moral para inculcar valores a sus hijos. La falta de dinero les impide hacer planes, reduce su círculo de amistades y limita su participación en los encuentros familiares. Llevan el paro peor que las mujeres trabajadoras, menos presionadas como sustentadoras de la familia y con más recursos para llenar de contenido sus vidas.

Son pocos los que aprovechan para formarse, muchos a los que la edad les lleva a verse sin futuro laboral y perciben el trabajo como un privilegio,algunos reconocen verse presionados a buscarse la vida de mala manera y hay jóvenes que hablan de su falta de motivación para buscar trabajo. Una mujer se echa a llorar al contar lo que ha de rebajarse para pedir ayuda a Cáritas o a trabajadoras sociales y contagia a varias mueres, propiciando hablar de los sentimientos.

3º Se les pide que formen tres grupos: quienes se consideraran feministas, machistas o ni una cosa ni la otra y que expliquen por qué han elegido esa posición. En todos los grupos feministas hay hombres que reconocen incoherencias pero están por la igualdad. La mayoría se declara por la igualdad pero comparte con los machistas las dudas de que la igualdad sea el objetivo de las feministas.

4º Les pedimos cuantas propuestas se les ocurran para promover la igualdad y aparecen reivindicaciones generales contra las desigualdades, el machismo, los desahucios o el castigo a los culpables y todas las conocidas sobre igualdad salarial, de representación o permisos por nacimiento pero tienen muy poca confianza en su capacidad para cambiar la realidad a través de la reivindicación.

Lo más sorprendente de la experiencia fue la distancia que hay entre imaginar el dolor que supone estar en el paro y oírselo contar. También tener que evitar el debate sobre las denuncias falsas de violencia en la pareja o el de las custodias en las separaciones para que la sesión fuera productiva.

En el balance con las responsables de los talleres coincidíamos en considerar la experiencia muy positiva y que había sorprendido favorablemente que fuéramos hombres los que habláramos de género y del feminismo denunciando la desigualdad.

José Ángel Lozoya Gómez e Hilario Sáez Méndez
Miembros del Foro y de la Red de Hombres por la Igualdad

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