Llaman la atención por el escaso eco mediatico de las dos mujeres que salvaron la vida de 40 chavales en Utoya

Si bien algunos medios se hicieron eco de esta noticia que apareció inicialmente en un medio finlandés, hemos querido traeros una reflexión surgida en esta tragedia de la masacre de Utoya.  Foto: Dalen y Hansen, imagen the The Seattle Lesbian.

Hay dos razones principales por las que sigo pensando que esta noticia tiene que ser contada de esta manera:

1) Porque el asesino era un machista y un homófobo, mujeres como las que impidieron una tragedia mayor eran (son) su Némesis. Desde mi punto de vista ambas formas de ver el mundo representan dos maneras de hacer Europa en un momento tan crucial como este. Y me refiero a dos maneras de hacer Europa con respecto a sí misma, no a otros o países o gentes o instituciones supranacionales. Yo no tengo ninguna duda de cuál prefiero.

2) Porque la invisibilización no es lo mismo que la normalización. Esta historia se puede contar obviando la orientación sexual de sus protagonistas, perfecto. Pero creo que el colectivo LGBT (al que, por cierto, no tengo intención de representar) tiene aún muchas batallas por ganar. Una de ellas es que se les represente en distintas facetas como ciudadanas en roles que vayan de lo normal a lo excepionalmente positivo; los estereotipos negativos ya los tenemos todos en la cabeza. Cuando nos hartemos de leer historias de transexuales que son hijos queridos y respetados por sus familias (no sólo trabajador@s del sexo), de gays y lesbianas que crían a sus hijos igual que los que no lo son, etc … entonces se podrá dejar de hacer hincapié en su orientación sexual. Pero mientras tanto para romper los estereotipos es crucial hacer una campaña de visibilizacuón.]

Hay muchas mujeres que deberían ser noticia pero no lo son. Son mujeres que pasaron, pasan y pasarán desapercibidas a pesar de hacer cosas extraordinarias, porque seamos honestos: vivimos en un mundo muy machista, a pesar de que a los políticos de todo signo les guste golpearse el pecho proclamando las bondades de “Occidente” en todo lo que atañe a la igualdad de género. Pero no me voy a ir por las ramas, que tengo una historia que contarles.

Supongo que habrán oído algo sobre cierta masacre que tuvo lugar recientemente en Noruega. Seguro que conocen bastantes detalles del suceso y que habrán visto fotos del desgraciado que decidió hacer de su capa un sayo en nombre de no sé qué ideología que en mi idioma se llama excusa para la violencia. Quizás hasta se hayan descargado el infumable manifiesto. Sabrán que muchos jóvenes que estaban en la isla de Utoya trataron de refugiarse entre las rocas de la costa, subiéndose a los árboles o a nado, pero (como también sabrán) el agua estaba muy fría y muchos desistieron en seguida.

Es curioso que conozcamos tantos detalles de la masacre y sin embargo no haya trascendido la historia de un par de mujeres que salvaron la vida de 40 de estos jóvenes que, sin su intervención, podrían haber pasado a formar parte de la lista de muertos. Se trata de dos noruegas, Hele Dalen y Torill Hansen, que estaban cenando en un camping justo enfrente de la isla cuando escucharon disparos y gritos.

Dalen y Hansen se dirigieron a la isla en su barco y sacaron del agua a gente en estado de shock y jóvenes heridos y los transportaron a la costa. De vez en cuando las balas rozaban el barco.

Como no podían subir al barco de una vez a todos los que se encontraban en el agua, regresaron cuatro veces a la isla [de Utoya]. Puede ser que hayan salvado hasta cuarenta personas de las garras del asesino.

La cita es la traducción del artículo que se puede encontrar en el periódico The Seattle Lesbian, publicado originalmente en finés (aquí) y alemán (aquí). Y es que, efectivamente, Dalen y Hansen no sólo son mujeres, sino que además son una pareja de lesbianas. Quizás sea por eso por lo que esta extraordinaria historia sólo ha recibido la atención de los medios dentro de la comunidad GLBT, mientras que nadie, y digo nadie, de entre los medios de comunicación convencionales internacionales o españoles (NYT, The Guardian, El País) les ha dedicado una línea de reconocimiento.

Llámenme paranoica, pero estoy convencida de que el heroísmo de estas dos mujeres no ha transcendido por su orientación sexual. Y como este blog lo escribo yo y lo leen ustedes, desde aquí mi medallita al valor para ellas. Ojalá cunda el ejemplo :o)

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