De los perros defensores de mujeres maltratadas a Leolo

Revisando facebook me encuentro ésto: http://blogs.20minutos.es/animalesenadopcion/2011/07/31/perros-defensores-de-mujeres-maltratadas/#comment-66923En

Lo primero que viene a mi cabeza es Fernand, el hermano de Leolo, los personajes de la película de Jean Claude Lauzon de 1992, y escribo ésto:

en la película LEOLO (magnifica) un muchacho entierra su miedo en una masa de músculo que no le sirve de nada cuando le agreden unos chicos más débiles que él y le rompen la nariz. Si el perro sirve como terapia que ofrece compañía, rutina, estima y contra el miedo, bienvenido sea…. pero el perro es una animal con unas necesidades de cuidado y relación, un ser de manada. Estoy harto de noticias de agresiones de perros que en realidad han sido privados de cubrir sus necesidades más básicas como la de vincularse y que están trastornados y enloquecidos por el aislamiento al que se les somete como supuestos perros guardianes. No me atrae la idea del perro como arma. El mejor arma sería la protección y el apoyo a las victimas de malos tratos y sensibilización y prevención enfocada a los hombres, talleres de resolución de conflictos de forma no violenta y educación emocional para hombres. Eso son soluciones, no los perros, a los que amo profundamente y convivo con 4.

Y quiero revisitar una película que dejo una honda huella en mi, en mi vida, en mis emociones:

Fernand, hermano de Léolo, entrenando fuerte para no volver a ser maltratado (“el miedo”, dice la voz en off, “le había dado una razón de ser”). De fondo: “Cold Cold ground” de Tom Waits. Momentazo.

En realidad éste es el momento crítico en la película y catártico (¡cuanto dolor por la violencia en la infancia!):

Los que hemos sufrido, los que no encajamos con lo que han esperado de nosotros o lo que nunca esperaron de nosotros… aterrados, soñamos con la incomprendida belleza

“Porque sueño no lo estoy. Porque sueño, sueño. Porque me abandono por las noches a mis sueños antes de que me deje el día. Porque no amo. Porque me asusta amar. Ya no sueño. Ya no sueño. A ti la dama, la audaz melancolía, que con grito solitario hiendes mis carnes ofreciéndolas al tedio. Tú que atormentas mis noches cuando no sé qué camino de mi vida tomar… te he pagado cien veces mi deuda. De las brasas del ensueño sólo me quedan las cenizas de la mentira, que tú misma, me habías obligado a oír. Y la blanca plenitud, no era como el viejo interludio y sí, una morena de finos tobillos que me clavó la pena de un pecho punzante en el que creí, y que no me dejó más que el remordimiento de haber visto nacer la luz sobre mi soledad”


Léolo es un niño que vive en un humilde barrio de Montréal, atrapado en una cruda existencia. Cada noche intenta escapar de ella entregándose a sus desordenados recuerdos, sueños y desbordante imaginación. Vive obsesionado por una vecina italiana y la realidad se interpone a menudo en su mundo onírico, principalmente debido a su estrambótica familia. Su padre está obsesionado por la salud intestinal de todos en la casa, su hermano es un culturista que vive preso del miedo, y además tiene dos hermanas que padecen trastornos mentales, un abuelo a quien nadie presta demasiada atención y una madre enorme que domina el microcosmos familiar.

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