Transcripción de la conferencia de Vic Seidler en la UPF el 7.04.2011 “Masculinidades globales, poder y sexualidades”

Queremos dar las gracias aqui al precioso y gran trabajo que está realizando HOMES IGUALITARIS, uno de los grupos más activos en España y con su permiso queremos reproducimos su post del pasado 8 de Mayo por su interés: http://homesigualitaris.wordpress.com/2011/05/08/victor-seidler-masculinidades-globales-poder-y-sexualidades-upf-7-4-2011/#comment-82

Victor Seidler: Masculinidades globales, poder y sexualidades (UPF, 7-4-2011)

(Esta es la transcripción, realizada por nuestro compañero Juanjo Compairé, de la conferencia que ofreció Victor Seidler en la Universidad Pompeu Fabra el pasado mes de abril)

Es maravillosos estar aquí y me da algo de vergüenza no poder comunicarme ni en catalán ni en español. Sería maravilloso poder hablar en catalán, esfuerzo compartido con mi traductora, Caroline Wilson (que tampoco domina esta lengua lo suficiente como para poder hacer la traducción al catalán). Por lo tanto, para que esto funcione dependerá de la traducción. Si hay alguien que la encuentra difícil, que levante la mano y lo intentamos aclarar.

Por tanto, voy a empezar hablando lentamente, de manera que abramos algunas diferentes preguntas. Vamos a intentar desarrollar la ponencia, aunque es posible que no lleguemos a poderlo hacer, según como vayan las cosas. En otras ocasiones, podríais tener el texto para leer, pero es mejor en esta situación, que es más viva, se pueden abrir preguntas más en vivo. Quiero dar las gracias a Marina (Pizarro) por la introducción y a esta Universidad por haberme invitado.

Ya desde este momento, mi cabeza se está abriendo a nuevas ideas. Es una Universidad interdisciplinar, no construida alrededor de Departamentos compartimentalizados. Y la masculinidad en sí ya es una cuestión interdisciplinar: no es meramente una cuestión de la Sociología, o la Economía o la Filosofía, … Las cuestiones alrededor de las masculinidades dan forma a nuestra visión de la modernidad. La mirada que desarrollé para un texto que denominé “La sinrazón masculina” fue un momento particular en esta relación.

Imaginaos a vosotros mismos en vuestra relación homo o heterosexual y que alguien de vuestro alrededor se gira y os dice “Me niego a seguir hablando contigo si no te calmas. Estás comportándote como irracional y sin sentido, porque estás siendo emocional”. O sea, las emociones se contextualizaban como femeninas de alguna manera y se experimentaban como amenaza. Es decir que si los hombres se sentían vulnerables o emocionales, esto se experimentaba como amenaza a su masculinidad. De esta manera, si en las relaciones heterosexuales, las mujeres estaban “desafiando” a los hombres, los hombres buscarían el silencio. Y el proceso de sentirse silenciados es un ejercicio de poder. Así que, como ejercicio, vamos a probar algo. Con la persona a tu lado, sólo durante dos minutos, habla de tu experiencia de lo que es ser silenciado: “¿Cómo sé cuándo me han silenciado?” y “¿Cuál es este proceso? Por eso, como va a ser diferente, lo vamos a hacer de forma diferente.

(…) ¿De acuerdo? Dejemos flotar estas preguntas y vamos a pensar en el proceso de estar silenciado. Es fácil verlo como una característica, como una parte de una relación personal. Hace veinte años era fácil identificar y era muy probable que fuera el hombre quien suponía que él era el racional y podía usar esta racionalidad para silenciar emociones y sentimientos. Entonces, las emociones y los sentimientos fueron catalogadas como “femeninas” y como amenaza a la identidad masculina. O sea que el hombre o yo mismo me siento vulnerable, me es fácil desplazarme hacia la violencia o la rabia. La ira afirma mi masculinidad y da forma a esta particular relación de poder. ¿Qué legitima este silenciar a las mujeres? Ésta fue una cuestión central donde las feministas desafiaron a las mujeres a repensar su masculinidad heredada. Reconocimos que este silenciamiento no era solo un producto de una relación personal. Por eso, ¿quién tiene el derecho de hablar en qué espacios? Cuando hablamos en esta Universidad en Cataluña, sabemos algo en relación con el ser silenciados, porque en el régimen de Franco la posibilidad de hablar en catalán y las Universidades en Cataluña fueron atacadas. Así que la cuestión del silencio y la noción de que el ser silenciado es un signo de respeto y deferencia tiene una estructura profunda dentro de la España católica. Por eso, cuando pensamos en los procesos del silenciamiento debemos pensar en las historias recientes. Podemos elegir pensar que el franquismo esta pasado y que la influencia de la Iglesia es mucho menor, pero da forma, incluso en nuestra sociedad democrática, a la forma en que nos relacionamos con nosotros mismos, nuestros cuerpos. Nuestros cuerpos se identifican con la sexualidad y la sexualidad se identifica con los pecados de la carne. Pensamos que ya hemos roto con estas tradiciones y que vivimos en tiempos democráticos, pero incluso en una cultura secular, todo ello da forma a nuestras relaciones y nos dificulta comprender qué está pasando.

Así que pensando en el silencio estamos pensando en particulares historias culturales, en Cataluña y en España. Y tenemos que reconocer estas historias, especialmente en castellano, que han creado una voz singular, una fuente singular de verdad que ha servido para silenciar la diferencia. Esto tiene una historia particular en España a través de la Reconquista, que implica una noción de la Madre España como católica, como castellana, que tiene el derecho de hablar. Y esto refleja una masculinidad particular. Por eso, cuando pensamos en la masculinidad, ésta no es un tema nuevo, sino que empieza por transformar nuestro sentido de la Historia, la Filosofía y la Sociología, porque empezamos a pensar dónde reside esta noción de verdad y cómo se produjo esta noción. Así que se convirtió en una noción singular de la verdad y el pensar de forma diferente era visto como herejía. Y la herejía en España llevó a las llamas, a menudo de mujeres que se atrevían a pensar de forma diferente. Por eso, el género ha sido fundamental para entender la manera en que estas historias no están pasadas, superadas, como nos recuerda Walter Benjamin, que muere en el camino hacia Cataluña, escapando del poder nazi. Lo que Benjamin nos recuerda es que estas historias están aún presentes. Tienen una presencia fantasmal y no son reconocidas, pero tienen una realidad que denigramos o rechazamos.

Así que cuando pensamos en la Reconquista, que acaba el 1492, tenemos una singular cultura católica, dentro de la cual las experiencias  judías y musulmanas (que nos dan diferentes tradiciones éticas, diferentes maneras de estructurar el cuerpo, que enriquecerían una cultura española multicultural y que darían reconocimiento a las culturas vasca y catalana, cosa que necesitaría una comprensión diferente de la “política de la verdad”)  como esta política se vincula con particulares políticas de silenciamiento, estas tradiciones están volviendo a través de otros procesos.

Así, por ejemplo, ¿hasta qué punto reconocemos nuestras sexualidades como parte de quienes somos?, ¿hasta qué punto aprendimos como criaturas a pensar y experimentar nuestra sexualidad como algo animal que necesita ser controlado? Así que para volverse humano, eso significa controlar y hasta de alguna manera reprimir la sexualidad? Así, “¿cómo aprendimos en nuestra infancia a experimentar nuestra sexualidad? ¿Fue como animales? ¿asociada a tener una cierta ansiedad? ¿Nos volvemos humanos sólo si transcendemos esta sexualidad?” Así que vamos a hacer otro ejercicio rápido. Con tu compañera o compañero, piensa en tal experiencia, pero piénsalo en términos de tu propia generación. “¿En qué generación crecí? ¿Cómo conformó esto mi relación con el catolicismo y mi relación con mi cuerpo? Por favor.

(…)¿De acuerdo? ¿Más tiempo? Mantened vivas estas preguntas. Desafían que si rompo con algo intelectualmente –por ejemplo, mi formación católica- pueden tener un impacto de formas diferentes, difíciles de reconocer. Así que estas estructuras conforman las subjetividades. En la obra más tardía de Foucault –especialmente en su texto “Los usos del placer” y en el último texto, “el cuidado de sí mismo” -, Foucault reconoce los límites de su pensamiento anterior, sobre todo la relación entre poder y conocimiento, que conformaron su primer volumen de la “Historia de la sexualidad”. Incluso en Goldsmiths las alumnas, los alumnos tienden a centrarse en estos primeros textos. Se sorprenden cuando les digo que al mismo Foucault estos textos le llegaron a aburrir y no quería que se volvieran a publicar. Por eso llegó a pensar – y hay un ensayo interesante que se llama “tecnologías del ser”, en el que reconoce la relación entre conocimiento y poder- que hay ciertas formas del conocimiento que están conectadas  con las relaciones de poder.

Pero Foucault nunca supo cómo pensar la masculinidad o el género, cosa que podría haber construido un puente entre su primer trabajo sobre conocimiento y poder y su obra posterior sobre ética y subjetividad. Así que cuando pensamos en nuestra relación con  nuestros cuerpos y nuestro cuerpo es de alguna manera un enemigo (porque lo identificamos con la sexualidad y los pecados de la carne), nos centramos en nociones de control. Entonces los y las jóvenes, en un periodo postfeminista en el que la juventud tiende a asumir una cultura de igualdad de género, la noción de control de emociones y sentimientos es una característica de las identidades de género contemporáneas, tanto para las chicas como para los chicos jóvenes. Así  que de alguna manera en la Universidad el trabajo feminista se llega a pensar como la “palabra f”, que tiene que ver más con la generación de nuestras madres y sus luchas que con nosotros o nosotras. Yo no, pero mi hijo y mi hija y su generación que ha crecido en un crecido en un diferente mundo tecnológico, estas tecnologías han conformado diferentes formas de relaciones de género. Esto dificulta realizar la exploración que estoy sugiriendo, descubriendo las diferentes capas y niveles de experiencia, en los que aquellos pasados –la tradición católica, por ejemplo- aún dan forma a las maneras en las que experimentamos nuestros cuerpos y nuestras sexualidades.

Así pues, quizá pensamos que hablamos de nuestra sexualidad y las niñas y niños aprenden de ello en la escuela. Pero aprenden de ella como la reproducción, como una técnica. Así que saben acerca de ella, pero de una manera separada del placer, de una forma separada de la propia experiencia de sus propios cuerpos. De alguna manera se les convierte en ignorantes de su propia experiencia corporal, porque lo que conocemos como conocimiento y como tal pensamos que lo conocemos. En cambio, desde los años 70 una parte importante del trabajo feminista fue la crítica – y además una de las líneas de fuerza del feminismo de la diferencia sexual, como el trabajo de DUODA en Barcelona- y la exploración de las nociones de la diferencia sexual, con las que tenemos que comprometernos. Pero también tenemos que pensar que debido a la forma en que las personas aprenden de las cosas como conocimiento se hace difícil pensar sobre la relación que tenemos con diferentes partes de nuestros cuerpos.

Así que aquí hay un ejercicio diferente: “Extiende tu mano adelante”; “Señala dónde estás” [risas]. A pesar de la resistencia a seguir las instrucciones del profesor y de que muchos no están seguros de dónde están, muchos – a través de la gente, del género- están apuntando aquí, a la cabeza. Por tanto, la noción tradicional de la modernidad, de la tradición cartesiana occidental, es señalar aquí [la cabeza]. Es señalar a la mente, el cerebro como de alguna manera la fuente de la identidad. Es interesante en esta sala, en este grupo,  en esta cultura postfeminista, muchas mujeres, cada vez más mujeres están aprendiendo a apuntarse aquí [la cabeza]. Esto sería un experimento muy interesante pensar sobre el status del postfeminismo. Esto significa, en términos de la tradición filosófica de Occidente, tanto en Descartes como en Kant, tal como escribí en un texto temprano que aún no está traducido al catalán [risas], que se llamó “Kant, respeto, industria”, de las conexiones entre Filosofía y Teoría Social. La manera en la que nos apuntamos aquí [a la cabeza] conforma una determinada forma de masculinidad dominante. Significa que el mensaje va desde la mente hacia el cuerpo. En términos de Kant, “tengo una relación interna con mi mente y una relación externa con mi cuerpo”.

Por consiguiente, el cuerpo se convierte en objeto del conocimiento médico. Es el o la médica quien ve el cuerpo como el objeto del conocimiento médico. Mi experiencia, mi conocimiento de mi cuerpo, pues, o mi falta de ellas se vuelven subjetivos, personales, anecdóticos y de alguna  manera irreales.

En este momento, el trabajo feminista retó la visión de la modernidad ilustrada. Por eso, el feminismo sigue siendo hoy día un  movimiento revolucionario. Y el análisis de la masculinidad también se vehicula a través de la comprensión de la diferencia sexual. Así, fue el movimiento feminista y el movimiento de salud de las mujeres los que dieron forma a la idea de “mi cuerpo, yo misma”, “mi sentido de identidad está vinculado, envuelto con mi cuerpo”, de maneras difíciles de entender. El cuerpo, pues, -o mi falta de relación con él- que se invisibilizaba. El trabajo feminista desafió, por tanto, una noción cristiana dominante, que tendía a considerar al cuerpo como animal y a ver como únicamente humano lo transcendente. Así que cuando señalamos aquí transcendemos, porque hay una cartografía del cuerpo. Un mapa. Y el mapa significa que aprendemos a vivir en la mente como un ser espiritual y evacuamos allá abajo lo que identificamos como sexualidad. Así pues, la gente joven puede aprender en la escuela sobre sexualidad pero no sobre placer. No aprenderán, pues, sobre los placeres de la masturbación. Porque la masturbación aún produce ceguera [risas] y, aunque nos riamos, la ceguera, en la tradición cristiana, era denigrada, era considerada como la incapacidad para ver la verdad. Así, las tradiciones judías –muy fuertes en Girona y en Barcelona, donde hay una auténtica historia multicultural – y la sinagoga eran representadas en la iconografía cristiana  como “mujer”, como “ciega”, porque los judíos no podían ver la verdad. Había una verdad única, la de la Revelación cristiana y los judíos era tanto ciegos como silenciados y luego expulsados.

¿Cómo aprendemos la expulsión? La política de la expulsión, en la que las personas diferentes son expulsadas, no puede ser parte de una noción multicultural de una España nueva que es multinacional. Porque aquí existe una tradición muy fuerte de exclusión.

En términos de una cultura occidental es Freud quien toma de las fuentes judías para desafiar la idea de que la sexualidad es animal. Así que se convierte en una percepción fundamental de la intervención psicoanalítica y psicoterapéutica el reconocimiento de la complejidad de las relaciones entre nuestros cuerpos y nuestras sexualidades.

Es fantástico que tengamos aquí tantos representantes de grupos de mujeres como de grupos e hombres en este encuentro. Reconozcamos que este es un  proceso que tarda tiempo el proceso por el que las personas reconozcan el impacto de sus masculinidades. Y las masculinidades vinculadas con nociones de superioridad, tan difíciles de desmontar, son formadas de forma generacional, a través de tecnologías diferentes. Estas tecnologías tienden a animar la accesibilidad al conocimiento, que hace al conocimiento accesible a través del planeta y hace difícil que las personas reconozcan su propia experiencia corporal.

Si pensamos sobre el placer y la política del placer, este placer se mueve a través de cuerpos y mentes. Como en nuestras vidas hacemos transiciones, necesitamos pensar en las maneras en las que cambiamos. A menudo las mujeres tienen una comprensión diferente de cómo sus transiciones están vinculadas con sus cuerpos, porque los cambios físicos son parte de sus transformaciones. Así que a veces en las culturas se reconoce la llegada de la primera menstruación, como marcando una cierta transición. Pero eso quizá no está vinculado al cuerpo como fuente de placer [risas, porque la traductora Caroline tose y dice “mi tos”]. Mientras que para los hombres la transición entre la adolescencia y la adultez, a menudo es difícil entender estas transiciones. Los hombres tienen en general menos sentido de los cambios de sus cuerpos. Me acuerdo de mi hijo, de su primer “sueño húmedo” y de su sentimiento de miedo de su cuerpo fuera de control. Por tanto, pensé en la importancia de hablarle en ese momento (él estaba molesto, se sentía mal). Pero me preguntaba si tenía que encontrar otra manera de hablar con él, antes, de esta transición.

Se vuelve, pues, importante entender transiciones diferentes. Así, estoy pensando en mi propia transición hacia la jubilación. No me gusta la palabra “retire” (jubilación), pero se trata de lo que quieres hacer en la próxima etapa de tu vida. Es importante, pues, entender para dar forma a diferentes modelos de masculinidad, de sexualidades alternativas, tanto heterosexuales como homosexuales y abrir canales de diálogo. Este diálogo está a menudo cerrado en la obra de Connell que relaciona la noción de masculinidad hegemónica con las relaciones de poder. Así que se trata de una teorización de la masculinidad que se ha hecho casi universal. Ha sido muy llamativo dentro de las Universidades, porque no ha abierto un espacio en el que los hombres puedan explorar sus propias masculinidades. Ha sido para que los hombres reconocieran la diversidad de las masculinidades. Ha sido absolutamente fundamental, pero ha solido hacer una distinción entre política y terapia, desdeñando lo terapéutico y las prácticas, tanto en Gran Bretaña como en los Estados Unidos, España y otros países europeos, donde las terapias han seguido siendo importantes para los hombres.

Por ello, el movimiento de “Achilles Heel” (talón de Aquiles) significó una manera de ver las conexiones entre lo terapéutico y lo político. Ahora este trabajo está disponible como “e-books”. Traigo publicidad para quien quiera explorar algunas de estas cuestiones. Tengo que parar y abrir las preguntas.

Gracias, Caroline por tu trabajo y tu esfuerzo.

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