El postporno o la política del error

Jara Cosculluela y Rebeca López. Martes 12 de abril de 2011.  Número 147  Número 148

DIAGONAL: Tu primer documental y de postporno, ¿por qué?

LUCIA EGAÑA: Soy hija de una activista feminista chilena. Biográficamente tengo esta “ideología”, pero también la decisión: puedes ser hija de alguien del Opus, pero luego decidir si quieres pertenecer o no. Al terminar Bellas Artes en Chile, empecé a trabajar en proyectos audiovisuales experimentales, autogestionados, sobre temas no convencionales. En 2004 llegué a Barcelona y me apunté al doctorado por papeles. Me interesaba la representación del cuerpo femenino y elegí como tema el postporno porque genera otro discurso de la representación de los cuerpos. Suena fatal, pero llegué al grupo postporno de Barcelona porque Beatriz Preciado me lo recomendó cuando fui a pedirle consejo académico. Acabé vinculándome a ellas, aunque el proyecto lo tuviera antes.

D.: En tus trabajos anteriores se ve tu interés por la representación…

L.E.: Siempre he tenido una fijación con la violencia de la representación. Que te propongan unos modelos corporales, relacionales, de actitudes, es violencia contra las mujeres. Es violento cuando una persona sólo sale en la tele por las tetas que tiene. Mi fijación también es buscar los modos de reconstrucción de las representaciones. Y el postporno es un ejemplo muy útil.

D.: En el documental, ¿las interferencias y los ruidos son pretendidos?

L.E: Llevo tiempo fomentando la política del error, unido al DiY (Do it yourself). La hiperdefinición y la hiperperfección son productos que invisibilizan la tecnología y la técnica. Algo similar pasa con el cuerpo: bajo los modelos que seguimos, queda invisible todo el trabajo que hacemos para ser, por ejemplo, una mujer modélica: maquillarse, alisarse el pelo, depilarse, como si no existiera ese tiempo, tiempo muerto. En el porno mainstream, lo mismo: esos modelos son normales y naturales, como si no se hubiera falseado nada. Por eso intento que el error, la interferencia, la visualidad videográfica estén orientadas a hacer visible mi proceso de construcción del discurso. El error me parece de lo más “natural”, y a veces veo el postporno como un error, una monstruosidad. Y las perversiones se eliminan del discurso oficial. La gente de la calle, académicos y banqueros no cuentan que les gusta jugar con instrumental médico por la noche. Lo mantienen en lo íntimo y privado.

D.: Trabajas la relación entre el software libre y la sexualidad…

L.E.: El eje central del software libre, el código, tiene que estar abierto para que sea apropiable, reutilizable y modificable. El paralelismo con la sexualidad se hace pensando que ésta tiene también códigos. Teresa de Laurentis habla de tecnología de género: el género está construido a través de una serie de herramientas y tecnologías, como los tacones, que ofrecen una imagen determinada de la pierna, pero además impiden saltar, correr… Así se forman las actitudes que debe tener una mujer. Estas tecnologías tienen código cerrado.

No tenemos autorización para modificar o introducir un error, como pasa con el software propietario. Yo puedo moverme en la lógica de la feminidad, pero si no quiero seguir ese protocolo puedo ser rechazada y segregada. Y en el fondo es como Windows, un sistema operativo estructurado, en el que una no puede intervenir, ¡y que viene con virus! Tanto el software libre como las políticas radicales de la sexualidad tienen en común el DiY porque no hay ninguna institución ni transnacional detrás y vienen de la disidencia a lo oficial, lo que obliga a recurrir a la autogestión y la autoproducción.

Yo encuentro esta relación e intento forzarla. Es muy útil para apropiarnos de la tecnología desde las sexualidades radicales y de la sexualidad desde el hacktivismo. Son luchas paralelas, sociales y políticas que podrían aliarse y obtener un gran rendimiento. En Barcelona está el proyecto Generatech, de la gran linuxera y postpornógrafa Klau Kinki; en su cuerpo se condensa esta relación de forma práctica.

D.: ¿Ha salido el documental que habías imaginado?

L.E.: Salió casi lo que me había propuesto: un mapeo de la situación actual del postporno en Barcelona. Es un tema que interpela a la gente. Me han venido a contar sus prácticas privadas que no habían contado a nadie. De todas formas, la aportación del documental es introducir el nivel discursivo que muchas veces no queda claro en el trabajo postporno. Mi proceso personal también ha sido así. Entender el s/m (sadomasoquismo) desde la disidencia me ha costado un huevo.

Para mí era una muestra del poder vertical, cuando ofrece roles intercambiables, un potencial político de estar arriba y abajo. Ha sido curioso cómo he empezado a tener prácticas que no tenía. El mismo fisting con el que termina el docu me parece disidente, usar otra parte del cuerpo como prótesis sexual, que no sea la polla como órgano hegemónico o prótesis de carne más usada.

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