La custodia como arma

http://www.diarioinformacion.com/opinion/2011/04/03/custodia-arma/1111925.html

MAR ESQUEMBRE Mi madre me aconsejó sabiamente que me ganase las habichuelas porque sólo de esa forma podría conservar mi independencia. Ella, que siempre ha trabajado fuera de casa y sufrió no pocas críticas por ello (por “descuidar” a los suyos), sabía perfectamente que frente al poder del dinero que sustenta las economías familiares no hay contrapeso que equilibre el fiel de la balanza, por más aportaciones imprescindibles en especie que se hagan al sustento familiar. En los poco más de veinte años que nos separan se han sucedido muchos cambios y las mujeres, como los hombres, tienen en su horizonte desarrollar una vida laboral y profesional, lo que no implica renunciar a establecer relaciones de pareja ni a tener hijos. Pero llegan los hijos y la convivencia se altera, pues hay que adecuar las jornadas de trabajo para procurarles la atención que merecen. En estos casos pesa (y mucho) el sistema patriarcal, que ha adjudicado a las mujeres este rol, privando del mismo a los hombres. Y aunque, por fortuna, cada vez más hombres comparten las tareas de cuidado y disfrutan participando activamente en el desarrollo y crecimiento saludable de sus hijas e hijos, también es cierto que son todavía minoría (y más las mujeres que se ven abocadas a reducir su jornada y consecuentemente sus ingresos, para disponer del tiempo necesario).

Sin embargo, muchos siguen pensando que eso es cosa de mujeres o bien se desentienden por pura comodidad. Conozco a demasiados que prolongan sus jornadas laborales innecesariamente para llegar a casa cuando sólo hay que dar el besito de buenas noches y que no han acudido a ninguna reunión del cole ni a la consulta médica o a los cumples y que serían incapaces de saber la talla de ropa o el número de calzado que gastan sus hijas e hijos. Y son los mismos que, rota la convivencia, sólo solicitan la custodia compartida (la que antes han rehusado ejercer) como arma para evitar pagar una pensión por alimentos y que a su pareja se le otorgue el uso de la vivienda habitual. Lo que les jode es que “esa”, la madre y antes compañera, sea una lagarta que lo único que quiere es chuparle a él la sangre. El bienestar de las y los menores les importa una higa ¿Creen que así se puede “compartir” algo tan delicado como la vida de las niñas y niños? Primero tendrán que aprender ¿no? Y todo aprendizaje lleva un tiempo. Una vez superado, que pidan la custodia compartida, esta vez sí, para ejercer una paternidad responsable, no como un arma de destrucción. Por desgracia, la ley valenciana, al establecer este sistema como preferente, facilita este último uso.

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