Entrevista a Ritxar Bacete, Técnico de Gizonduz, programa del Gobierno Vasco para la Igualdad con Hombres

“El sexismo no solo oprime a las mujeres, sino que a los hombres nos limita radicalmente “

Los hombres tienen que ‘deconstruir’ su masculinidad hegemónica e integrarse como sujetos políticos en el proceso de cambio hacia la igualdad de género desde una toma de conciencia personal, opina el antropólogo y miembro de la iniciativa Gizonduz, impulsada por Emakunde

BEGOÑA ASTIGARRAGA – Lunes, 14 de Febrero de 2011 – bilbao. “Tanto el hombre como la mujer no nacemos, nos hacemos, nos construimos en base a unos modelos de masculinidad y feminidad imperantes en el momento histórico que nos toca vivir”, explicaba Ritxar Bacete durante su ponencia sobre Género, nuevas masculinidades y cooperación al desarrollo celebrado recientemente en La Alhóndiga de Bilbao.

¿Qué objetivos persigue Gizonduz en pro de la igualdad?

Gizonduz plantea medidas para ampliar la concienciación de los hombres a favor de la igualdad a través de la sensibilización y la formación, entendiendo ambas como claves del cambio. Para crear una agenda política de los hombres a favor de la igualdad hay que construirla a partir de una toma de conciencia personal y colectiva. No nos planteamos grupos de terapia, sino grupos de reflexión personal, de autoconocimiento y deconstrucción de la masculinidad hegemónica.

¿Por qué se creó?

Porque los hombres no participábamos en los procesos de formación de género. En máster, cursos, jornadas y foros, no llegábamos al 5% de la asistencia. Sin embargo, en los dos últimos años del proceso formativo de Gizonduz, más de 3.000 personas han participado y más del 60% han sido hombres.

¿Qué se enseña a los hombres en esos cursos formativos?

En la mayoría de los cursos -que son de carácter presencial- se debate y analizan comportamientos relacionados con la prevención de la violencia contra las mujeres, las violencias masculinas, la masculinidad en todo lo que se refiere a la salud, la sexualidad, la seguridad vial, entre otros. A mediados de febrero publicaremos el nuevo programa de cursos para 2011.

¿Se trata de generar “hombres nuevos”?

Se trata de que los hombres reflexionemos sobre nuestra condición masculina, sobre nuestros privilegios por ser hombres. Es un proceso muy transformador, o al menos puede llegar a serlo, porque podemos cambiar las realidades. El hecho de que protagonicemos una evidente mayoría en los actos de violencia y en las actitudes de riesgo no es nada positivo y debemos transformarlo. Por eso, es necesario dedicar tiempo a reconocer y a poner en valor los modelos alternativos de masculinidad, destacar a esos hombres nuevos que ya están pululando por ahí, aunque todavía se manifiesten más en el ámbito privado que en el público.

¿Cómo llegar ese cambio personal y de implicación de los hombres en la lucha por la igualdad?

Los hombres somos sujetos políticos del cambio, porque la transformación hacia un modelo más igualitario pasa por el cambio personal y por las agendas comunes que seamos capaces de construir entre hombres y mujeres. Es muy importante crear, proponer, impulsar, consensuar herramientas de análisis que consoliden esos espacios de reflexión y práctica feminista, y al mismo tiempo que incorporen al hombre y la masculinidad como sujeto político en la lucha por la igualdad.

¿Diría que el modelo de masculinidad hegemónica es perjudicial para los hombres?

Efectivamente, porque nos impone una forma estereotipada de estar en el mundo, de ser y de construir la identidad. Es ahí donde se asientan los privilegios y el poder en los hombres e históricamente eso ha tenido, y tiene aún, consecuencias muy graves para las mujeres, pero también es negativo para los propios hombres. La masculinidad hegemónica atenta directamente contra las libertades individuales, contra las capacidades de las personas, en concreto de los hombres, es un limitador de libertad humana y coarta los derechos humanos.

¿Qué supone para los hombres la igualdad con las mujeres?

Fundamentalmente, una pérdida de privilegios y de poder. Como ha demostrado algún estudio en EE.UU., los hombres más igualitarios, léase, que son más responsables con los comportamientos igualitarios y que están más implicados en las tareas de cuidados de otros seres, ingresan una media menos de 8.500 euros anuales respecto a los más machistas. Es decir, que cuanto más se acercan los hombres a las prácticas igualitarias, más incide en la pérdida de poder económico, de triunfo personal, de posibilidades de promoción profesional.

Entonces, ¿cuál es la parte buena a la que mirar para que se abran al cambio, a concienciarse?

Una puede ser la mejora de la autoestima, mayores posibilidades de crecimiento personal, mayor calidad en las relaciones con el resto de personas. Hay que tener en cuenta que renunciar a la masculinidad hegemónica aporta mucho valor al desarrollo humano, porque rasgos característicos de esa masculinidad, como la belicosidad heroica, la valoración positiva del riesgo y de la jerarquía, el déficit de comportamientos afectivos y de cuidados, etc., inciden negativamente en la capacidad de generar bienestar en las personas y en las sociedades. El revertir esos comportamientos beneficiaría a todos, porque la idea de la igualdad nos mejora, nos facilita la vida y nos amplía libertades.

¿Cómo es el hombre igualitario?

El hombre igualitario toma conciencia crítica de sus privilegios de género, renuncia a la imposición, a la dominación, al ejercicio de la violencia o a la opresión de género, valora por igual la experiencia de las personas, condena por convicción cualquier discriminación contra las mujeres y la violencia de género de forma explícita y activa, reclamando nuevos modos de masculinidad no violenta.

¿Se puede medir el grado de salud de la igualdad?

Hace falta crear indicadores que midan los niveles de masculinidad de una sociedad para poder visibilizar la incidencia negativa de los modelos machistas en el desarrollo humano y ver a qué nivel benefician los nuevos modelos de masculinidad. Esa sería la forma de poder incluir los resultados de los estudios en la elaboración de políticas concretas en pro de la igualdad.

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