Entrevista a la directora de la Cátedra Leonor de Guzmán

Mercedes Osuna: «Hay mucho macho sutil»

En materia de género, prefiere ver la botella medio llena antes que medio vacía. Aunque todavía, sostiene Mercedes Osuna, queda bastante trecho para la igualdad

por aristóteles moreno 15/08/2010
A Mercedes Osuna, hoy directora de la Cátedra Leonor de Guzmán, había cuestiones que no le cuadraban. Por ejemplo, la sumisión de sus amigas al novio. O la idea preponderante de la mujer como esposa y madre. Así fue cuajando su conciencia feminista hasta que ingresó en la Universidad de Sevilla y tomó un mayor cuerpo ideológico. «En las formas no era un mundo machista ni convencional. Nos movíamos en un universo más liberal, igualitario. Al menos, aparentemente».
—Era un feminismo de escaparate.
—Yo no lo llamaría de escaparate. Había una convicción real de que las cosas no eran justas y había que cambiarlas, pero luego estaba la sociedad pensando que las mujeres teníamos un papel secundario.
Mercedes Osuna (Córdoba, 1955) estudió Filología Inglesa y residió durante dos años en Estados Unidos, donde se topó con una sociedad no tan liberal como flotaba en el imaginario colectivo. En 1984 ingresó en la Universidad de Córdoba y durante once años ha dirigido Ucoidiomas, cuyo convenio ayudó activamente a desarrollar como uno de los más avanzados en materia de derechos de la mujer. Nunca ha militado en organización política ni feminista alguna. «Valoro mucho mi independencia», proclama. Lo cual no obsta para que mantenga una posición vigilante en defensa de los derechos de la mujer.
—¿Es difícil defenderlos a diario?
—Mucho.
—¿Aún hay que pelearse por esas cuestiones?
—Yo no me peleo. Trato de evidenciar las cosas cuando se producen. Sí es verdad que la sociedad sigue pensando que somos las cuidadoras natas.
—¿Y qué nos perdemos los hombres por no ser también cuidadores natos?
—Os perdéis muchísimo. Os vais a morir sin conocer uno de los mejores aspectos de la vida. Cuando se cuida a las personas mayores, a tu hijo, aprendes muchísimo de lo que es la relación humana.
—¿Por qué nos hemos ausentado de esa responsabilidad del cuidado?
—Es que no os habéis integrado nunca. Hablo en general, porque varones y mujeres somos muy diversos. No quiero pecar de generalizar. Hay una sociedad patriarcal que ha asociado al hombre con cultura y esfera pública; y a la mujer como referente de lo privado.
—¿Es sólo una cuestión cultural?
—Yo quiero entender que sí. Ayer mismo presencié en la consulta una escena curiosa: una mujer con dos niños. ¿Cuántos hombres se han visto en una consulta solo con dos niños?
—Se ven muchos hombres en la puerta del colegio con sus hijos.
—Sí. Esto va cambiando. Si no, habría que preguntarse por la evolución del ser humano. Las encuestas siguen demostrando que los varones le dedican a las labores domésticas una hora menos al día. Yo le invito a que se pase por unas instalaciones deportivas por la tarde y mire qué personas hay: varones y mujeres sin cargas.
Maneja un discurso de la igualdad elaborado y sin estridencias. Y evita caer en derivas frentistas o sencillamente revanchistas. Feminismo no es lo contrario que machismo, se esfuerza por subrayar esta profesora de Ciencias de la Educación, que dirige la Cátedra desde hace ya tres años.
—Por cierto, Leonor de Guzmán fue la amante de un rey: un referente muy convencional para un propósito tan transformador.
—No nos fijamos en ella por ser amante del rey sino por ser una mujer que acumuló poder y se marcó una estrategia para colocar a sus hijos en lugares privilegiados.
—Estrategias muy masculinas.
—En aquel tiempo eran las estrategias que había. Se dedica a hacer su propio patrimonio. A tener su propio poder y ejercerlo.
—¿Es el poder lo que se persigue?
—Lo que se persigue es la libertad y el derecho a estar en el poder y ejercerlo. No como delegadas de varones.
—¿Queda mucho para la igualdad?
—Sí.
—¿Y estamos listos para el cambio?
—Yo diría que un sector sí y otro no. El exponente máximo lo tenemos en la violencia contra nosotras.
—¿Se ha topado con mucho macho ibérico?
—Me he topado con mucho macho sutil. Con mucho falso feminista.
—¿Cómo son los falsos feministas?
—Abogan por la igualdad, pero en cuanto arañas un poquito sale la verdadera naturaleza. Las mujeres jóvenes no perciben desigualdad, pero la discriminación aparece cuando establecemos una relación de pareja y vienen las corresponsabilidades familiares.
—¿Cómo respira la Universidad?
—Tal como respira el resto de la sociedad.
—O sea: regular.
—Efectivamente. Somos además profesorado, personal administrativo o alumnado, que viene educado de determinada manera.
—¿La escucha a usted el rector?
—Lo procuro.
—¿Y le pega tironcitos de orejas?
—Siempre que puedo (risas). Desde que estoy aquí veo una voluntad clara de cambio. Pero somos producto de generaciones, de la educación, y en temas como el lenguaje o asuntos controvertidos casi todo el mundo suele tener algún despiste.
—¿El machismo está en el ADN o en la cultura?
—Quiero pensar que en la cultura.
—Parece que no lo tiene muy claro.
—Es que nadie me ha dado un argumento de peso, ni autores antiguos ni filósofos modernos, de por qué media humanidad es considerada inferior a la otra media.
—En este mundo vertiginoso, ¿quién cría a nuestros hijos?
—Quiero pensar que los van a criar su padre y su madre. Estamos en un mundo vertiginoso porque la gestión de los tiempos es muy masculina. ¿Cómo puede haber reuniones a las ocho de la tarde?
—¿El instinto maternal existe?
—Personalmente, creo que no. Yo lo que he sentido es un instinto de responsabilidad de unas personas que dependían de mí.
—¿Es «miembra» de algo?
—Pues sí: soy «miembra». El lenguaje refleja pensamiento. Si hablamos en masculino estamos «invisibilizando» a un sector de la sociedad. Por lo tanto, quiero y nombro a lo que existe. Y las niñas y las mujeres existimos.
—¿El feminismo es una filosofía de vida?
—Sí. Lo que pasa es que tiene muy mala prensa.

La batalla del lenguaje

La batalla del feminismo ya no se libra en el plano ideológico, viene a asegurar esta luchadora incansable por la igualdad, sino en su vertiente funcional. Las mujeres aún soportan el peso de la vida doméstica, del cuidado de los hijos y de las personas mayores. Y ahí están las cifras: los hombres dedican a diario más de una hora menos que sus parejas a labores del hogar. Y el combate, frecuentemente, es por superar las propias contradicciones. «Tendemos, por educación, a dar el primer paso en las tareas domésticas. Muchas veces, por tanto, la pelea es con una misma», declara. Luego está la batalla del lenguaje. Una lucha fundamental, argumenta, para la conquista de la igualdad. «Pensemos qué suponía escuchar hace años la palabra abogada, doctora o jueza. ¿Nos parecía raro? Ahora se han normalizado porque hubo transgresoras que empezamos a nombrarlas. Tú vas a un colegio hoy y dices que los niños salgan al patio y, probablemente, las niñas se queden sentadas. Lo que demuestra», señala, «que ya nos vamos acostumbrando».
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