Las peculiares emocionalidades masculinas (menor resiliencia)

Presentamos un artículo extraido de “Chicos y masculinidades”. Existe cada vez más investigación sobre la gestión emocional de los hombres, en mi trabajo “La negociación de las masculinidades en los contextos de la exclusión social” (Inédito Universidad Complutense de Madrid) pude comprobar como los hombres perceptores de la renta minima de inserción de la Comunidad de Madrid a principios de esta década sufrían problemáticas sociales muy diferentes a las mujeres perceptoras del RMI. En concreto y siguiendo a Robert Castel, sufrian de menos problemas económicos pero problemas más agudas en las problemáticas sociales, en concreto la categoría “hombres solos” que era el segundo grupo más numeroso tras “mujeres con cargas familiares no compartidas” estaba compuesto en casi su totalidad por hombres sin  hogar o sin techo, hombres que provienen de situaciones de integración o vulnerabilidad social pero que sufren una problemática de “desafiliación” extrema y han caido en esa situación con procesos acelerados y vertiginosos de desestructuración personal. En estos procesos de desestructuración aparece la alexitimia y los problemas de gestión emocional de los hombres como centrales, ya que aunque el orden de los factores puede variar, pero suelen estar presentes problemas familiares-divorcio u otro tipo de pérdidas, perdida de empleo, adicciones (alcoholismo). En estas situaciones, los hombres tienden a ocultar , no reconocer y negar emociones de pérdida, fracaso, vulnerabilidad que pondrían en riesgo su identidad masculina, disponen de menor conexión comunicativa y de apoyo emocional que las mujeres, y utilizan como via principal para dar salida al enorme malestar otras emociones si permitidas o valoradas dentro de los modelos de masculinidad hegemónicos como la rabia o la agresividad.

¿Existe una lectura de género de la resiliencia?. “Ellos son más impulsivos, menos tolerantes al sufrimiento crónico y más reacios a buscar ayuda profesional”.

Avanza el estudio de la resiliencia, la capacidad de encajar adversidades y superarlas

La palabra, derivada del latín ‘resilire’, significa rebotar, y aplicada a la psicología es la suma de flexibilidad, resistencia, adaptación y recuperación del ser humano.

NÚRIA ESCUR | LA VANGUARDIA Barcelona | 15/02/2010
Los habitantes de países occidentales no abandonan este mundo sin antes haber afrontado, por término medio, dos serias adversidades que pusieron en peligro su integridad física o mental. Así lo cuantifican estudios epidemiológicos del último lustro. La capacidad para resistir es algo que ponemos a prueba diariamente: en el trabajo, en casa, en el barrio. La sociedad moderna, con retos y/o trampas, nos exige grandes dosis de adaptación, y que salgamos indemnes, ahora se sabe, depende de nuestro particular manejo de un fenómeno: la resiliencia.
Qué significa? Es la capacidad humana de encajar, resistir y superar las adversidades. La palabra, derivada del latín resilire, significa rebotar, y aplicada a la psicología es la suma de flexibilidad, resistencia, adaptación y recuperación del ser humano. Charles Darwin aseguraba en El origen de las especies (1859) que “no son los más fuertes de la especie los que sobreviven ni los más inteligentes. Sobreviven los más flexibles y adaptables a los cambios”.

En esa dirección apunta el psiquiatra y profesor de la Universidad de Nueva York Luis Rojas Marcos en su último libro –”el que más tiempo me ha llevado”–, escrito tras ocho años de investigación: Superar la adversidad (Espasa). “Quise hacer este estudio no para saber por qué se rinden o perecen las víctimas de desgracias, sino por qué hay tantas que luchan y sobreviven”, detalla el hombre que dirigió durante siete años el mapa de salud de Nueva York. Unas sociedades fomentan la resilencia más que otras. “En EE.UU. se glorifica más que en España la capacidad del individuo de luchar contra adversidades y sufrimiento –explica a La Vanguardia el psiquiatra–, y en España, en cambio, se tiene más apoyo familiar, resignación y creencia en fuerzas mayores”.

Los seis pilares de la resiliencia. Los expertos han identificado seis rasgos identificativos de las personas con más resiliencia: tienen conexiones afectivas (“la mayoría de los supervivientes de desgracias dicen que una clave para sobrevivir fue pensar en una persona a la que se sienten unidos”), funciones ejecutivas (“la introspección, el autocontrol, la energía para tomar decisiones ayudan a no tirar la toalla”), centro de control interno (“sentir que controlas tu vida y no depositas esperanzas sólo en la suerte, fuerzas espirituales o terceras personas”), autoestima, pensamiento positivo (“no incompatible con la capacidad de evaluar ventajas e inconvenientes”) y motivos para vivir (“se alimentan de pasiones, no de instintos”).

Razones para continuar.

Los cuatro motivos más frecuentes para querer vivir, según estudios de varias universidades estadounidenses y europeas, son: experimentar el amor en sus diversas facetas, tener una misión o deber moral, la determinación de no rendirse ante la adversidad y el propio miedo a la muerte.

Nadie se libra de las desgracias. Algunas son previsibles, como la pérdida de seres queridos; otras, insospechadas, como un desastre natural, y son estas últimas las que suelen plantear un reto emocional mayor. Con ellas hay más resiliencia porque no existe el sentimiento de culpa. Lo que más acrecienta el estrés es la incertidumbre futura, especialmente en nuestra época. Para luchar contra ella los estudios americanos y europeos proponen la misma solución: creer que el azar no es un enemigo. El destino, los malos caprichos –como les llamaba Voltaire– de la suerte nos pueden ayudar a conseguir metas en las que ni siquiera pensamos.

Las mujeres, más resiliencia. ¿Existe una lectura de género de la resiliencia? Parece que también. En todas las etapas de la vida, más hombres que mujeres mueren prematuramente en situaciones estresantes o traumáticas. “La mujer tiene más capacidad de superación, y el hombre tiende a exponerse más a situaciones de peligro. Ellas, más partidarias de conciliar y protegidas por el efecto reductor del colesterol de los estrógenos –explica el doctor–, suelen perecer más tarde. Viven siete años más que ellos”. Y otro dato: aunque la ansiedad y la depresión se diagnostican más en mujeres, tres veces más hombres que mujeres se quitan la vida. ¿Razones? Según el estudio, “ellos son más impulsivos, menos tolerantes al sufrimiento crónico y más reacios a buscar ayuda profesional”.

Aunque la genética también favorece la tendencia a la resiliencia, Rojas Marcos concluye con una reflexión extraída de sus casos clínicos: “La inmensa mayoría de los humanos no sólo no tiramos la toalla, sino que celebramos la vida hasta el final. Al afrontar adversidades, lo más común es superarlas”.

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