Solos en la tormenta (sobre la igualdad y la acción positiva)

Por su interés os transcribimos literalmente la columna de Ventura Pérez Mariño aparecida en La Voz de Galicia.

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Solos en la tormenta

Fecha de publicación: Jueves 09 de julio de 2009

La igualdad es un principio básico del sistema democrático. Pero más allá de lo que pudiera parecer no es un concepto pacífico. Se ha dicho que en gran parte legislar es hacer distinciones y es sin duda cierto. Un ejemplo simple puede ser útil. Si convocamos una carrera a pie, abierta a todos, sin diferencias, se respetaría la igualdad, pero indudablemente sería desigual el competir juntos hombres y mujeres, mayores y niños. No tendría nada de igualitario. Lo mismo ocurriría si el Ministerio de Educación repartiese las becas de forma igualitaria; respondería al principio de igualdad, pero sería absurdo.

La igualdad de trato, que es a lo que me voy a referir, exige igualdad en el acceso e igualdad en el punto de partida. En el acceso porque las condiciones han de ser las mismas para todos los aspirantes. La igualdad en el punto de partida porque todos los candidatos deben de tener inicialmente las mismas posibilidades de reunir las condiciones requeridas, lo que sin duda exige una igualación de las potencialidades a favor de aquellos que por diversas razones (económicas, culturales? ) tienen menos posibilidades de reunirlas.

El intento de solventar la desigualdad en el punto de partida, pasa por aceptar que, por ejemplo en el caso de EE.?UU., hay minorías que se encuentran desfavorecidas por una historia de discriminación y merecen ser promocionadas.

El mecanismo ideado en Norteamérica para promocionar a los negros, grupo étnico desfavorecido, ha sido desde los años setenta la igualación artificial por medio de la acción positiva

que tiende a resolver problemas de igualdad de oportunidades, y lo hace por tres caminos diferentes. O bien otorgando cuotas, o dándoles puntuación adicional, o favoreciéndolos en los desempates.

Dichas prácticas han venido siendo aplicadas no sin problemas y aceptadas por el Tribunal Supremo; lo cual no impide que sea difícil compatibilizar la acción positiva con el principio de igualdad ante la ley (cuadratura del círculo).

Y lo que se veía venir ha acabado pasando. El Tribunal Supremo de Estados Unidos ha cambiado de criterio. En Nev Haven en el 2003 se convocaron 15 plazas de bomberos, 7 de capitán y 8 de teniente. Aprobaron los exámenes 41 blancos, 22 negros y 18 hispanos; pero de los 15 primeros, 14 eran blancos y uno hispano.

Preocupados por el resultado, ausente la convocatoria de medidas correctoras, las autoridades dejaron el concurso sin resolver.

Ante tal dejación fueron los blancos y el hispano los que denunciaron que se les discriminaba a consecuencia de su raza y el Tribunal Supremo en un apretado fallo, 5 votos contra 4, les ha dado la razón; ellos debían haber sido nombrados.

El cambio jurisprudencial es relevante. La historia progresa con dos pasos adelante y uno atrás, aunque a veces parece que son dos atrás. Con su decisión, el Tribunal Supremo ha dejado a algunos en la calle, sin marquesina a la que arrimarse y sin paraguas con el que taparse. Habrá que esperar, nunca llovió que no escampara. En nuestro país la acción positiva ha ido abriéndose camino con la mujer, grupo históricamente discriminado. Y ya se sabe, cuando Estados Unidos se acatarra aquí comenzamos a toser. Malos tiempos para la lírica.

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