Te proponemos conocer un poco más sobre esa nueva ola de hombres que se acercan a la condición masculina descolocados, a la defensiva y contra la igualdad de género porque les desestabiliza “su” orden y lo hacen abonados al resentimiento. Esta en nuestra mano usar nuestra experiencia de desencaje, desencanto y rechazo de la masculinidad que nuestras familias y la sociedad quiso que representasemos, para mostrar -como hombres por la igualdad, profeministas o antisexistas- que el cambio es mucho más positivo, no solo para ellas, sino para nosotros y que con esa actitud de que “me están quitando algo que es mio” solo seguiremos el camino de reproducir y mantener la discriminación heterosexista que tanto dolor y sufrimiento causa continuamente y tanto daño nos hace a nosotros mismos.
Resentidos, sociedad anónima
Hace tiempo me contaron un chiste que dice así: “¿Sabes cuál es la diferencia entre un esquizofrénico y un neurótico? Pues que un esquizofrénico está convencido de que dos y dos son cinco. Sin embargo, un neurótico sabe que dos y dos son cuatro… pero le molesta”. El valor científico de esta afirmación es escaso, pero puede servirnos para entender algunas expresiones de malestar social.
La crisis económica ha dado carta de naturaleza a la expresión de todo tipo de irritaciones. Vivimos en una especie de panmalestar colectivo en el que se mezclan los problemas reales con viejas rencillas o debates sin asimilar. Así ha asomado con inusitada virulencia un malestar ante la igualdad de las mujeres que antes había permanecido convenientemente oculto. Al parecer, los vapores tóxicos contra los cambios igualitarios no se habían disuelto en la atmósfera sino que estaban contenidos en la olla exprés del inconsciente a la espera de una oportunidad para emerger en rápidas turbulencias que se expresan de forma airada y concitan el aplauso o la comprensión de los que han estado cobardemente agazapados. Hay todo un ejército de damnificados por la igualdad de las mujeres que ríen bobaliconamente cuando un juez, un intelectual o un académico pone el marchamo de solvencia profesional a sus neurosis. (más…)

















